viernes, 5 de septiembre de 2008

Versiones II

Desde siempre, pero mas acentuado en la actualidad gracias a la inmediatez tecnológica, son las empresas que gobiernan los medios masivos de comunicación las que deciden quienes serán los protagonistas de las historias, las voces dominantes o las versiones oficiales dentro de las franjas horarias mas intensas de la radio y televisión, en los periódicos mas coloridos o en algunos libros mas vendidos.
Sin embargo, hay un rescate por parte de corrientes contemporáneas en historia como Eric Wolf en “Europa y la gente sin historia”, Eric Hobsbawn o Galeano en “Las venas abiertas de América Latina”, por mencionar los mas conocidos; que consideran las voces de quienes fueron perjudicados, silenciados o ignorados por los avatares históricos, haciendo notoria la presencia de una versión no oficial de gente y grupos sociales variados, como para que quien desee interesarse por esta, las tenga a mano. Dentro del universo de Internet es posible hallar herramientas que den cuenta de esta situación. Si bien para algunos la web parece la culminación de la ratificación de que el mundo está interrelacionado desde que la historia comenzó; para otros parece tratarse de un desarrollo incipiente de posibilidades de afianzar la misma.
Sin pretensión académica, la idea aquí es rescatar, entre otras cosas; voces, diálogos, verdades que se oyen en la calle o en cualquier ámbito. Tan solo reflejarlas por curiosas, importantes o banales. De algo, de algún tema, de alguna cosa, tan solo algunas versiones.



Robo, huyó y lo pescaron

Debido a que la reciente prohibición de fumar en Buenos Aires en lugares públicos también rige para ciertas casas particulares, una persona que salió a dar unos pitillos al balcón se convirtió en testigo privilegiado de uno de esos episodios cubiertos por la endeble trama de lo risueño, lo trágico y lo insólito; es decir, nada del otro mundo en los tiempos que corren.
Desde el segundo piso de un edificio sobre la calle Venezuela en la zona de Congreso, y a menos de cien metros de una comisaría, nuestro testigo pudo observar como un joven que venía cruzando la calle distraídamente, como en un estado insomne, se acercó hasta un taller mecánico en mitad de cuadra. El dueño estaba en plena tarea debajo de un automóvil, con un destornillador en la mano, que fue justamente lo que el joven andaba buscando. Le insistió tanto al mecánico para que de alguna manera se lo “preste”, que el mecánico no pudo resistir y se lo entregó, sin saber cual era el objetivo del extraño pedido del joven. Una vez que se hizo de la herramienta, salió corriendo hasta la esquina, y a la vista de todo el mundo (veraniego mediodía de un día de semana), rompió con el destornillador el vidrio de un automóvil estacionado, se metió dentro y en menos de un minuto, en una artesanal maniobra, se hizo del ajeno auto-estereo. Inmediatamente salió corriendo en la misma dirección de donde había venido, coincidente con la comisaría que se halla a menos de 100 metros del lugar.
Alguien grito y el ladrón no tardo en ser advertido. Un tipo fornido lo alcanzó y le hizo un tackle certero que lo depositó en el suelo, por lo que inmediatamente se acercaron varias personas. Entre ellas un hombre también joven, vestido de traje y muy enfervorizado que comenzó a darle patadas y trompadas concentrando una inusitada furia en el (a esta altura) “pobre” ladrón; por lo que daba a entender que era el principal perjudicado.
Un agente de la policía se hizo presente seguramente por los gritos y la cercanía de la comisaría. Separando a los agresores y cumpliendo con el deber de detener al sospechoso, también pregunto si esta persona que pegaba con tantas ganas era el dueño del automóvil. Pero este contesto que no, que simplemente pasaba por ahí.
Inmediatamente el policía reconoció al joven ladrón como quien había estado detenido la noche anterior y salido liberado hacia poco tiempo de la comisaría, justamente cuando nuestro testigo lo vio acercarse al mecánico para pedirle el destornillador.
Por supuesto que el joven ladronzuelo volvió a esa misma comisaría de donde ya conocía el calabozo; cada uno de los involucrados, a sus tareas, incluyendo al peatón que quiso descargar sus frustraciones en otro ser (para ese momento indefenso) aun sin saber que había pasado, al igual que el privilegiado testigo quien le daba la ultima pitada a su cigarrillo.
El dueño del automóvil nunca apareció, por lo que nada mejor que el título del viejo film de Woody Allen para ilustrar este acontecer.



El extraño fetichista

Una chica iba sentada en el subte a media tarde, cuando aun no hay tanta gente viajando. A su lado se sentó un hombre joven. La miro y le hizo un comentario que la chica contesto de manera amable. A partir de allí comenzaron a hablar. Incluso a la chica no le pareció que el joven fuera un pervertido o alguien que la quería “levantar”, es mas, le pareció de modales amables y hasta atractivo, pensando incluso en la situación extravagante de que podría llegar a entablar una relación con una persona a quien conoció en el subte, por lo que pensó también que era por demás romántico, justamente en esta coyuntura donde predominan las relaciones originadas en tramas virtuales a través de Internet.
La situación era relativamente normal hasta que el joven le comenzó a decir que le fascinaban las botas que la chica llevaba puestas. Unas viejas botas de cuero color blanco, descascaradas y con ralladuras negras por el uso, con más valor emocional que otra cosa para ella. Incluso hasta algo pasadas de moda, pero que encajaban bien con su personalidad. Entonces el tema de conversación comenzó a girar en torno de este calzado. Y así pasaron cuatro estaciones de subte sin que se agote el tema.
Hasta que el joven le pidió, sin rodeos, si le podía lamer las botas. A lo que la chica por supuesto dijo que no, mas atónita que espantada. Pero hubo insistencia hasta la siguiente estación. La chica, ya incomoda termino por decirle que si, pensando ya en sacárselo de encima debido al tono adquirido de la conversación. El chico dijo “gracias” y que iba a bajar en la estación que ella bajara. Una vez fuera del subte insistió en lamer su bota, recordándole su promesa. Ya desconcertada la chica se sentó en un escalón. El joven no perdió tiempo y con firmeza tomo su pie, agrando su boca como si fuese la de una boa y metió el calzado en su boca lo más que pudo.
La chica grito, lloro y puteo, pero quedo inmovilizada por la sorpresa.
Al joven no le quedo otra que salir corriendo, pero al grito de “yo te avise, yo te avise!!!”
Ya pasados varios meses de este hecho, la chica no deja de estremecerse cuando describe la mirada entre desorbitada y orgiástica de placer del chico lamiendo la bota, como quien practica el sexo oral con el mayor de los deleites.