miércoles, 4 de junio de 2008

Tauromaquia

Algunos dicen que la lidia de toros es una pasión, otros que es un cruel espectáculo, más acentuado en los últimos años con la toma de conciencia ecologista. Lo cierto es que la relación entre el hombre (cultura) y los animales (naturaleza) es inmemorial, en especial con los toros. Es posible que las manifestaciones artísticas halladas en la cueva de Lascoux en Francia, que datan de hace unos 17000 años atrás, al final del Paleolítico, en un período denominado por los arqueólogos como Magdaleniense, sean tan solo una sesgada muestra de una relación aún anterior en el tiempo con lo taurino.
Para el mitógrafo Robert Graves, diversos pueblos griegos, principalmente los cretenses, tomaban al toro como animal ritual. No solo relaciona a Hércules con la doma de los toros de Augías en su quinto trabajo, sino también que menciona el más conocido enfrentamiento de Teseo y el Minotauro (Asterio o Asterión). Este combate sería análogo a los librados entre un hombre disfrazado de toro y el candidato a rey. Asimismo, arrancar el cuerno del toro daba a este rey ungido la capacidad de fertilizar la tierra, es decir que la cornucopia poseía también un significado ritual. A partir de bastante especulación (pero que no deja de ser atrayente) y algunos dibujos en objetos artísticos hallados a lo largo de los años, Robert Graves retrotrae el combate ritual entre hombres y fieras a Babilonia y Siria, es decir al comienzo de la vida urbana, de la civilización; donde cada animal representaría a una estación del año, como el león, la cabra o la serpiente, otorgándole un significado zodiacal propio de las poblaciones agro-pastoriles que dependen de los elementos naturales para sobrevivir.

Ya sea por difusión cultural o propia iniciativa, muchos pueblos de la Europa mediterránea y Cercano Oriente veneraron al toro de diversas formas, como Zeus cuando asume la forma de un toro blanco entre los griegos o la adoración del becerro de oro entre los antiguos hebreos. E interpretando a la historia como una sucesión de procesos heredados que se transforman y resignifican, es entonces que la vigencia de la corrida de toros española tal vez sea algo más que un relicto de este pasado.
El toreo mezcló a los antiguos hispanos y los moros en la península ibérica, y Goya lo manifestó de manera magistral en la serie de grabados denominados “Tauromaquia”.

“…la indumentaria de El Cid presenta un total anacronismo. La violencia de la lanzada que llega a sobresalir por el costado del toro, contrasta con la mirada distraída del caballo, dirigida hacia el espectador…” Exposición Goya y Dalí, Pabellón de las Artes de la UCA, 2007.


“…los moros establecidos en España, prescindiendo de las supersticiones de su Alcorán, adoptaron esta caza y arte, y lancean un toro en el campo…” Goya. “…toreo de los hispano-musulmanes. El toro herido de muerte acaba de descabalgar al jinete moro, quien le ha clavado una lanza que le atraviesa el vientre de parte a parte, y ha desventrado al caballo, cuyos intestinos cuelgan sobre la arena (para muestra: en una corrida lidiada en 1790 por Costillares, murieron veintisiete caballos de pica). Simétricamente, tres infantes lo hieren por el otro costado…” Exposición Goya y Dalí, Pabellón de las Artes de la UCA, 2007.
Aunque menos bárbaro que en el pasado, ese legado llega hasta la actualidad prevaleciendo en España, y con algunos ecos mas diluidos en México, Ecuador y Perú, que como antiguas colonias españolas, adoptaron una de las tantas costumbres peninsulares.

Las fotos en la Plaza de toros de la Maestranza, durante la Feria de Sevilla 2008, realizada en el mes de abril, fueron tomadas por Maria Victoria Márquez©, y no hacen mas que mostrar la parte de este espectáculo que puede exaltar a algunos españoles y a la curiosidad de los extranjeros: el brillo de la sangre, el desafío del toro y el torero con su arrogancia y sus colores.