domingo, 6 de julio de 2008

Espejos, Galeano y el lenguaje de los abanicos.

Aunque muchos científicos hayan pretendido algún estudio acerca de la diversidad total de lenguas existentes, esto siempre resultó inabarcable, ya sea porque como todo fenómeno dinámico, algunas desaparecen, se transforman o incluso nacen otras nuevas, producto de los imponderables culturales. Sin embargo, la historia, la lingüística, la antropología y otras disciplinas permiten aproximaciones que a veces deslumbran con el asombro.
En este caso la literatura por intermedio de Eduardo Galeano rescata el perdido lenguaje de los abanicos. En el libro “Espejos, una historia casi universal” (Siglo XXI editores, Madrid, 2008) Galeano recuerda lo siguiente:

ABANICOS

Las liberalas, que así les decían los policías de Cádiz, conspiraban en clave.
De sus abuelas andaluzas habían aprendido el lenguaje secreto del abanico, que lo mismo servía para desobedecer al marido o al rey: esos lentos despliegues y súbitos repliegues, esas ondulaciones, esos aleteos.
Si las damas se quitaban el pelo de la frente con el abanico cerrado, decían: No me olvides.
Si escondían los ojos detrás del abanico abierto: Te amo.
Si desplegaban el abanico sobre los labios: Bésame.
Si apoyaban los labios sobre el abanico cerrado: No me fío.
Si con un dedo rozaban las varillas: Tenemos que hablar.
Si abanicándose se asomaban al balcón: Nos vemos afuera.
Si cerraban el abanico al entrar: Hoy no puedo salir.
Si se abanicaban con la mano izquierda: No creas en ésa.

EDUARDO GALEANO, Espejos, 2008