domingo, 28 de diciembre de 2008

Río de Janeiro, dos lugares para visitar de noche


Que se puede decir de Río que ya no se haya dicho. Nada nuevo, salvo alguna novedad. Pero se pueden transcribir percepciones, datos, alguna información…aunque, como diría el antropólogo Clifford Geertz, “hay que estar allí”. Es lo mejor, y no es muy difícil para el viajero medio. Río se puede vivir y disfrutar con poco. Después de pasar un día de encanto de colorido de playas y calles de Ipanema o Copacabana,
el viajero que se maneje fuera del paquete turístico que ofrecen las agencias convencionales (muchas de las cuales hacen hincapié en la supuesta inseguridad),
puede, luego de sacarse la arena mediante una ducha fresca ya sea en el hotel o departamento alquilado (todos cuentan con seguridad privada), cambiar las ojotas havaianas por algo mas elegante como unos cómodos zapatos veraniegos o sandalias de cuero, ropa igualmente fresca; tomar un taxi o en bus, y llegar hasta algunos lugares recomendables no solo por su diversión, sino también por el glamour característico que ofrece el Río nocturno.


Retomando el tema de la inseguridad, no es que no exista, solo que hay que andar con cuidado, observando atentamente alrededor o al menos insinuar que uno está atento. También es más que recomendable no tentar a nadie con objetos suntuosos como relojes costosos o cadenas de oro, ni andar mostrando dinero innecesariamente. Vale recordar que la gente en Río es tan libre y relajada que a nadie importa si uno anda con el último reloj o vestido a la última moda. Cada cual anda como quiere, sin despertar ni admiración, ni envidia o ni siquiera llamando la atención. A los únicos que puede despertar interés una mochila abultada o una suntuosa cadena es a los arrebatadores oportunistas, que como en todas las enormes ciudades, están a la pesca, ya que viven de los desprevenidos. Por lo demás, es posible ver a los turistas y a los mismos cariocas con cámaras digitales y el mejor celular, es decir lo normal…entonces, va la recomendación para el día: sunga o bikini debajo de la ropa ligera, ojotas, minimochila para bronceador y algún otro artículo de mínima necesidad y 50 reales para la cerveza, algún agua de coco, el alquiler de las sillas en la playa y que sobre algo para comer alguna de esas cosas deliciosas que se venden en la playa (camarón fresco, milho, jugos de frutas naturais, etc).


Entonces, una buena alternativa para pasarla bien y escuchar música ao vivo que va desde samba, forró, música popular brasilera (MPB) o bossa nova es en los Arcos de Lapa.


Excelentes artistas, tal vez desconocidos pero sublimes en lo que hacen, logrando hacer mover al menos mínimamente los pies aún al mas acartonado y haciendo que los más espontáneos dancen.

La gente camina, bebe, come, ríe, observa, baila o canta, solos, en pareja o en grupo. Esto puede darse en las calles, en los bares o en algunos clubs donde la cerveza y la caipirinha son las palabras mas mencionadas



Como colorido puede agregarse algunos travestis que hacen vereda en la puerta de un hotel típicamente prostibulario, con luces rojas y olor a sexo añejo que emana desde el vestíbulo, pero sin molestar a nadie. Miles de personas caminando con los vasos de chopp en la mano, otros comiendo algún pinche o brochette que se asan en parrillas portátiles en alguna esquina, mientras tanto la música ao vivo suena por todos lados a diferentes compases, como si fuesen diferentes pistas al aire libre. Las viejas casonas y palacetes venidos a menos, recuerdo del Río portugués colonial ofician de escenario para hacer de Lapa la opción de la bohemia carioca.

¿Qué más puede pedirse para una justa diversión?


Un matiz bastante más sosegado que Lapa lo ofrece el legendario hotel Copacabana Palace, sobre la avenida Atlántica, principal símbolo del glamour carioca desde 1923; donde vale la pena tomar un cóctel o la complaciente caipirinha, que va bien en cualquier ambiente y lugar, y asimismo recorrer el mismo espacio que personalidades que desde reyes y príncipes hasta actores, políticos, intelectuales y gente de ciencia pasaron en otros momentos por el hotel. Incluso, si se tiene suerte, uno puede toparse en la pileta de natación con alguna personalidad. Si bien puede parecer un poco costoso a simple vista dada



la imponencia del recinto, la entrada es libre y se puede disfrutar una caipirinha por 20 reales en el bar (teniendo en cuenta que en la playa puede tomarse por 5), observando tranquilamente la pileta sobre un mullido sillón y escuchando la suave música de un piano de fondo. En este enlace pueden observarse quienes se hospedaron y recorrieron las instalaciones:

http://www.copacabanapalace.com.br/web/orio/guest_book.jsp


Por supuesto que hay muchas más y variadas opciones ya que Río tiene de todo para ofrecer. En breve, en futuras entradas de este blog.